Detalles poco conocidos

• La silla donde fueron retratados Zapata y Villa, no era la presidencial sino un sillón del viejo régimen dictatorial de México
• En septiembre de 1909 Emiliano Zapata fue electo presidente de la Junta de Defensa de las Tierras de Anenecuilco.
• En el mes de mayo de 1910 recuperó por la fuerza las tierras de Villa de Ayala municipio de Morelos.
• El clarín que rindió honores al jefe en la emboscada que le fue tendida en la hacienda de Chinameca Morelos el 10 de Abril de 1919 fue al mismo tiempo la contraseña para disparar sobre él y sus acompañantes.
• Los restos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la Presidencia Municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval.

 

EL DIARIO
‘El Caudillo del Sur’ instruyó a sus hijos en las labores del campo y en las del ranchero criador de ganado; les enseñó que “para comer en la casa hay que sudar en el surco y el cerro, pero no en la hacienda”. Por su parte, Emiliano Zapata recibió la educación primaria en la escuela de corte lancasteriana. A los 16 años perdió a su madre y 11 meses más tarde, a su padre. El patrimonio que heredó fue reducido, pero suficiente para no tener que prestar sus servicios como peón en alguna de las ricas haciendas que rodeaban Anenecuilco.

Amante de los caballos
Su máximo interés lo ocupaban los caballos. Fue un gran conocedor de estos animales y se le consideraba una autoridad en la materia. De 1902 a 1905 participó auxiliando a la comisión del pueblo de Yautepec que tenía problemas con la hacienda Atlihuayán, propiedad de Pablo Escandón; los acompañó en sus viajes a la ciudad de México, donde acudían ante las diferentes instancias para pedir se les hiciera justicia.

Miliano, como le decían cariñosamente, pertenecía a una familia cuyas raíces podían rastrearse hasta los días de la lucha por la Independencia nacional. Personalmente había colaborado en la solución de los problemas de su comunidad y simpatizado con la oposición política en Morelos; tenía unas cuantas hectáreas que trabajaba por sí mismo. Gustaba de los caballos. La inglesa Rosa King, dueña del Hotel Buena Vista de Cuernavaca y que conoció personalmente a Zapata, recuerda que “era moreno, como suelen ser los hombres de Cuautla, y bajo el bigote negro y espeso relucían los hermosos dientes blancos. Vestía el traje de charro de los rancheros, siempre pulcro...

El general acostumbraba fumar su puro que acompañaba con un buen coñac --además, le gustaba la cocina francesa--. Cuando los víveres no daban para tanto, tomaba una cerveza bien helada en compañía de sus oficiales, amigos y vecinos. A la sombra de los árboles, los zapatistas y su jefe pasaban las horas hablando de caballos, de toros, de peleas de gallos, mientras los compases de la banda del pueblo amenizaban la velada.

La Ley del Divorcio
El zapatismo contemplaba el divorcio. En la iniciativa de ley de matrimonio, incluso, se señalaba que la convivencia de pareja durante cinco años hacía legítimo el matrimonio. La unión entre un hombre y una mujer se fundaba en vínculos de afecto y estimación, mientras que un matrimonio obligado era una relación tiránica por “absurdas leyes que destruían o menoscababan la libertad humana”. Para Zapata los sentimientos no podían reglamentarse, el amor era rebelde. A la mujer, decía, había que protegerla de manera especial, ya que era débil ante la maternidad y el arreglo de su hogar. En la iniciativa se consideraba el divorcio que emanciparía a las mujeres de la tiranía marital, y el hombre debía proveer de recursos a la mujer y a los hijos para su manutención. La ley eliminaba en las actas de nacimiento las diferencias entre hijos legítimos, naturales o espurios, porque estos calificativos solamente servían para denigrar y empeorar la situación social.