El Paso— Para escribir sobre Pancho Villa, sobran pretextos. Que si fue decapitado y la ubicación de su cabeza es aún un misterio sin resolver, que si visitaba hasta cinco amantes por día, que sólo le gustaba el refresco de fresa y repudiaba el alcohol, que sus armas actualmente se subastan en más de 100 mil dólares, que permitió que una productora de Hollywood lo filmara durante sus batallas y nunca se proyectó la película por su crueldad, que si es el centenario de la Revolución Mexicana y él es un tema obligado... en fin.

Este emblemático personaje mexicano es una fuente inagotable de historias, fotografías, conversaciones, disputas, anécdotas y curiosidades. En esta ocasión, la excusa para escribir acerca del Centauro del Norte es que el próximo sábado, el 5 de junio, se cumplen 132 años de su natalicio.

Esto incita a los que habitan en esta ciudad a viajar al pasado y recordar los lugares que el caudillo frecuentó. El historiador Fred Morales revela cuáles son los sitios paseños de la zona centro que algún día acogieron, aunque en extrañas y riesgosas circunstancias, a esta leyenda inmortal.

A inicios del siglo XX, -donde hoy está la Plaza Pioneer, el monumento a Fray García de San Francisco y un abandonado Hotel Plaza-, había un hotel llamado Sheldon. Fue famoso porque abrió sus puertas a corresponsales de guerra y partícipes de la Revolución Mexicana.

Se cuenta que una tarde, en el lobby, Pancho Villa apareció súbitamente buscando a un italiano llamado Giuseppe Garibaldi, quien se había atrevido anteriormente a llamarlo cobarde. Al tenerlo a unos cuantos metros de distancia, Villa desenfundó su arma y cuando estaba a punto de presionar el gatillo, lo detuvieron y desarmaron entre varios hombres.

La escena, sólo de imaginarla, resulta graciosa e increíble: ¿Cómo es posible que Pancho Villa, ese hombre de bravura y masculinidad inocultables, llegara a los bares y pidiera con voz potente y tajante: “!quiero un refresco de fresa!”?

El repudiaba el alcohol, incluso impedía que sus tropas lo consumieran. Pero ante las bebidas dulces y las golosinas, Villa no podía resistirse.
Uno de sus lugares predilectos para tomar refresco de fresa, helados y dulces de cacahuate era la Confitería Élite. Estaba ubicada en la planta baja del Edificio Bukler, donde en la actualidad hay una boutique llamada “Así es mi tierra”, en la intersección de las arterias Texas y Mesa. Esta dulcería era famosa en la región porque vendía “pelotas de béisbol cubiertas de chocolate”.

Existe una fotografía donde aparece Villa con Pascual Orozco, ambos en la barra de la confitería. Fue tomada en 1911 y fue la última donde se muestra a estos hombres juntos, ya que tiempo después se convirtieron en férreos enemigos.

El 25 de diciembre de 1912 Pancho Villa escapó de la prisión donde lo había encarcelado su incansable adverso, Victoriano Huerta. En plena Navidad, el Centauro del Norte fue auxiliado por su amigo Carlos Jáuregui para huir.

Según platica Fred Morales, éste le dio a Villa un serrucho, con el que logró cortar la protección de una ventana y fugarse.

Cruzó México y llegó a El Paso el 3 de enero de 1913. Se hospedó en el Hotel Roma y extrañamente, se registró con su propio nombre; no ocultó su identidad pese a las circunstancias en las que se encontraba.
Se cuenta que el revolucionario, arribó con capa, sin su característico bigote y con lentes obscuros.

Desde ahí se comunicaba con sus tropas en Ciudad Juárez a través de palomas mensajeras.

Dice la historia que un día un general huertista lo enfrentó y Villa lo arrojó por las escaleras; muchos aseguran haberlo visto tirado en la banqueta frontal del hotel.

Después de casi un mes de estadía en el Hotel Roma, el rebelde mexicano fue alertado de que dos detectives lo estaban buscando en las habitaciones, por lo que de inmediato se escapó por una venta y se refugió en una casa ubicada en el Distrito Histórico Sunset Heights.

       
     



Tras escapar abruptamente del Hotel Sheldon a finales de enero de 1913, Doroteo Arango encontró amparo en la casa de un amigo, el griego Teodoro Kyriacópulos.

Esa vivienda aún existe, está situada en la calle Prospect 510, en el Distrito Histórico Sunset Heights.

Al presente es habitada por una pareja de casados que sabe perfectamente la historia de resguarda su hogar. Donna Covey platica que al conocer la casa se enamoró de ella, pero que antes de dar el sí de compra, se puso a investigar quién había vivido ahí desde 1904, cuando fue edificada.

Tras múltiples averiguaciones con vecinos y la ayuda de Fred Morales, lograron descubrir que esa casa había sido propiedad de Kyriacópulos y que ahí había asilado a Villa.

Hace dos años Donna y su esposo compraron la casa y la quieren conservar por siempre porque saben el valor histórico que posee, al menos para ellos que se declaran admiradores de Francisco Villa.

Éste habitó en dicha casa aproximadamente por cinco semanas, escondiéndose de las autoridades mexicanas. Ahí fue donde se enteró de que sus amigos Francisco I. Madero y Abraham González, habían sido asesinados, por lo que decidió abandonar Estados Unidos y retomar las armas contra el gobierno de Victoriano Huerta.

Ubicada en la calle Leon 331, de la zona centro, hay una vivienda blanca con detalles color verde como el del pistache, que hace 95 años fungió como caja fuerte para resguardar 500 mil dólares y valiosa joyería, propiedad de Pancho Villa.
Ahora es un par de departamentos, aún de aspecto vetusto. En aquel entonces era propiedad de George Benton, un fiel amigo de Villa. Él le ofreció al revolucionario guardar sus ahorros y joyas, con lo que Villa tenía planificado mudarse a Argentina con su familia, terminada la Revolución. Soñaba con vivir en aquel país y comenzar un negocio de carnicería, su especialidad.
No obstante, en 1915 las autoridades estadunidenses entraron a la fuerza y confiscaron el dinero y las joyas. Pancho Villa contrató abogados para reclamar la devolución de sus pertenencias; sólo le fue reembolsado el dinero, ya que la joyería, objetaron, eran robadas.

Corría el año 1923, eran las ocho de la mañana, el 20 de julio. Unos dicen que iba a una reunión familiar, otros que iba a visitar a una de sus tantas novias, pero lo único que es seguro es que Villa iba en un automóvil entre las calles de Hidalgo de Parral, Chihuahua, cuando fue sorprendido a balazos por sus asesinos. Falleció en el instante.

Ese automóvil, un Dodge 1919, fue conservado por Luz Corral, una de sus esposas. Fred Morales asegura, “ella era la preferida”. Lo resguardó en Chihuahua, Chihahua por casi 20 años, hasta que en 1952 decidió transportarlo a El Paso con la intención de restaurarlo y llevarlo de gira por Estados Unidos, dada la relevancia y fama que su extinto esposo acumulaba conforme transcurrían los años.

El lugar donde Luz Corral lo ocultó, aún existe: es el garage de una casa localizada en el Boulevard West Yandell, cercana a la famosa The Turtle House.

Con la copia de un periódico publicado en 1952, el historiador Fred Morales sustenta con “papel en mano” la información de que en esa cochera, estuvo por varios días ese automóvil.
En aquel entonces, asegura Morales, esa vivienda era de C.D. Merari, quien era amiga de Luz Corral.

“Luz quería restaurar el automóvil pero no pudo porque el gobierno mexicano lo impidió. Mandó a unos agentes a que se lo llevaran a Chihuahua, ya que lo consideraban una reliquia con valor histórico importante para México”, expresa.

La policía estadunidense evitó que dichos agentes se llevaran el auto, sin embargo, Luz optó días después por regresarlo a su país, ya que le aseguraron sería expuesto en un museo en honor a Pancho Villa.
“Se supone que en el Museo de la Revolución está el auto, pero muchos historiadores creemos que ese no es el real, ya que tiene hoyos supuestamente hechos por los balazos, pero los hoyos están cuadrados... las balas eran redondas. Se dice que Luz Corral vendió el auto a unos estadunidenses y compró uno parecido al de su esposo para engañar al gobierno mexicano”, opina Fred.

 


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