El Diario

Sin lugar a duda, la Revolución Mexicana fue el punto de partida para la integración de la mujer en el desarrollo de México.

Dos mil mujeres llenan espacios con sus biografías en las páginas del Diccionario Histórico y Biográfico de la Revolución Mexicana, donde se recopilan los acontecimientos y luchas de la gesta revolucionaria iniciada en 1910 y de quienes en ella fueron protagonistas.

La vida y actuación de estas dos mil mujeres, o quizá más de este número, uno ya considerable, se desarrolló en los ámbitos más variados, en una totalidad comprendida entre los últimos años del siglo XIX, las dos primeras décadas del siglo XX y aún después; como es el caso de las sobrevivientes que continuaron luchando en los terrenos ideológico, educativo, político y cultural.

Desde 1887, actuaron como revolucionarias y patriotas en forma tal que, ignorándolo, sus vidas quedaron inscritas en las páginas de la historia. La cifra de mujeres combatientes en los frentes de batalla, no sólo fue importante por el hecho de haber sido ellas quienes empuñaron las armas, sino porque estuvieron al frente de batallones de soldados y guerrilleros, en cuyas acciones bélicas lograron destacar; haciéndole frente al Ejército Federal, primero de Porfirio Díaz y después de Victoriano Huerta.

Papel no menos relevante fue el de las agentes confidenciales que, exponiendo sus vidas, entregaban mensajes secretos de los altos jefes militares, así como el de las enfermeras militares y las voluntarias que perdieron la vida en combates o en los hospitales destruidos por las tropas federales.

No podían faltar en esta publicación, dedicada a Las mujeres en la Revolución Mexicana, el papel decisivo de las soldaderas; mujeres que al lado de los caudillos o de sus hombres, realizaron en los campos de batalla actividades indispensables para la supervivencia de los ejércitos y sus seguidores; ni tampoco las mujeres precursoras del feminismo en México, las socialistas de Yucatán y las sufragistas que lucharon por los derechos políticos: de votar y ser votadas en las justas electorales.

SILVIA REMBAO DE TREJO
Durante el gobierno de Porfirio Díaz se relacionó con mujeres opositoras al régimen en el estado de Chihuahua, entre las que se contaron Carlota Antuna de Borrego, quien publicaba el periódico El campo Libre, Herminia Garza, y la señora Pérez de León. En 1906 formó parte del Partido Liberal Mexicano en El Paso, Texas.

En 1909, se afilió al movimiento antirreeleccionísta encabezado por Francisco I. Madero. Al triunfo de la revolución maderista en mayo de 1911, organizó una manifestación de apoyo en Ciudad Juárez, Chihuahua.

DOLORES ROMERO DE SEVILLA
Nació en villa de Río Florido, hoy Coronado, Chihuahua, en 1877. Vivió un tiempo en Hidalgo del Parral y en 1896 se trasladó con su familia a la ciudad de Chihuahua. Allí conoció a Leonardo Revilla Siqueiros y se casó con él. El matrimonio vivía en Aldama número 208, donde tenía una sastrería que se convirtió en punto de reunión de conspiradores. Todos los días Abraham González iba, con el pretexto de probarse un traje, a cambiar opiniones sobre la preparación del movimiento y dejaba mensajes a Leonardo Revilla para que los transmitiera a los simpatizantes del maderismo. Dolores Romero se encargó preparar los funerales del famoso general villista.

CARMEN PARRA DE ALANÍS
Nació en Casas Grandes, Chihuahua, en 1885. En 1910 se incorporó al movimiento revolucionario encabezado por Francisco I. Madero. Fue conocida como Lo Coronela Alaní. Prestó sus servicios a las órdenes de Antonio Villarreal, Lázaro Alanís y Marcelo Caraveo; con este último militó en la plaza de México. Desempeñó comisiones pasando parque para las fuerzas del general José Inés Salazar. Estuvo encargada de llevar comunicados de Madero, relacionados con información y pertrechos de guerra, a la Junta de Bustillos y a Casas Grandes, Chihuahua.

En 1911 colaboró en los combates de Ciudad Juárez (8 de mayo). En noviembre de 1913 participó con las filas de Francisco Villa en la toma de Ciudad Juárez. Más tarde fue convencionista y aprehendida en 1915 en Perote, Veracruz, por llevar documentos del general Emiliano Zapata al general Gildardo Magaña; sin embargo, al ser liberada por el general Cándido Aguilar se sumó a las filas constitucionalistas que antaño combatió. Fue comisionada por el gobernador del estado para lograr la amnistía de los revolucionarios que se encontraban en El Paso, Texas; luego se le amplió la comisión para amnistiar villistas.

SARA PERALES, VIUDA DE CAMARGO
Nació en la ciudad de Tlaxcala en 1895. Se incorporó a la revolución maderista de 1910 como enfermera. Acompañaba a los grupos revolucionarios que tomaron Ciudad Juárez, Chihuahua, y estaba al frente del cuerpo voluntario de enfermeras, con el que se organizó la atención de los hospitales de sangre de ese estado. Sus actividades revolucionarias la llevaron dos veces a la cárcel.