El Diario
El 9 de febrero se conmemoraron 97 años del asesinato de Francisco I. Madero, acto con el que culminó el pasaje histórico conocido como La decena trágica.

El movimiento armado propiciado por Félix Díaz, Bernardo Reyes y Victoriano Huerta con la posterior adhesión de diversos generales mexicanos y con la ayuda del embajador estadounidense Henry Lane Wilson, tuvo la intención de derrocar al gobierno de Madero, lo que se consiguió al paso de 10 días.

Como antecedente, el propio presidente había sido advertido a finales de 1912 sobre un cuaterlazo contra su gobierno, fraguado desde las filas del Ejército.

Lo anterior se concretó la madrugada del 9 de febrero de 1913, cuando una parte de la guarnición de la ciudad de México, encabezada por el general Manuel Mondragón, liberó a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, quienes permanecían en la prisión militar de Santiago Tlatelolco y en la penitenciaría del Distrito Federal, respectivamente.

Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, el presidente Madero, que habitaba el Castillo de Chapultepec, recibió la noticia de la sublevación y ordenó al teniente coronel Víctor Hernández Covarrubias, subdirector del Colegio Militar, que se presentara a recibir órdenes y que reuniera a todo el personal en la explanada.

Organizándose las compañías en formación, escucharon de voz del propio Francisco I. Madero la siguiente instrucción: “Jóvenes cadetes, unos cuantos malos mexicanos, militares y civiles, se han sublevado esta madrugada contra mi gobierno, en estos momentos la situación ha sido dominada por el pundonoroso general Lauro Villar y el Palacio Nacional está en poder de las tropas leales a las instituciones legalmente constituidas. Van a escoltarme, en columna de honor, hasta el Palacio Nacional, para demostrar al pueblo capitalino que hemos triunfado derrotando a los infidentes desleales”.

A este pasaje histórico se le conoce como ‘La marcha de la lealtad’, y se realizó por todo Paseo de la Reforma hasta que el presidente entró a la sede del gobierno.

El Colegio Militar demostró así su lealtad tanto en lo coletivo como en lo individual, pues se encuentra el caso del cadete Enrique Mondragón, sobrino del general Manuel Mondragón, a quien estando en servicio le había llegado el recado de que debía incorporarse con los cadetes que fueran afectos al movimiento rebelde y que serían bien recibidos en la Ciudadela.


Con información del historiador Oscar René Acosta Escápite.




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